La vida tras las rotondas

ESTEBAN ORDÓÑEZ/ CÉSAR PONCE. REPORTAJE

*El abandono político mantiene el Rodalet como zona de narcotráfico y delincuencia*

De once a once y cinco el mundo se arruina. En la cafetería Pan y Pasta de San Vicente, sube al coche como guía un vecino de El Rodalet. Aconseja la ventanilla adecuada para sacar fotos del callejón sin necesidad de bajar del vehículo, con la máquina cobijada. Queda atrás la rotonda poblada de comercios, el Citroën discurre por la ancha avenida donde Haygón parece dar sus últimos coletazos. Restaurantes y amplias aceras interrumpidas por un carril bici en que un corredor observa cómo un ciclista, ataviado de todos los complementos de seguridad, le adelanta. La salida de la siguiente rotonda abre una vía flanqueada por descampados y algún chalet más que aún parece ofrecer una vida confortable. “Gira a la derecha. A partir de aquí vamos más despacio y os explico”, sugiere El Guía. Pretende fotografiar la boca de la calleja de infraviviendas (más adentro es arriesgado acceder), pero un individuo espera detenido en su coche, y cambia de opinión.

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