Cementerios de hormigón

CÉSAR PONCE: REPORTAJE

En 1848 quedó fijado el término municipal de San Vicente del Raspeig. Originado como un pueblo rural, en su evolución ha desarrollado un cambio significativo que le ha aupado casi al grado de Ciudad. Ha pasado de ser una prolongación fantasma de la localidad de Alicante a convertirse en una metrópoli activa, independiente y con impronta. La progresiva inversión económica ha generado un brutal aumento de la población (actualmente más de 30.000 habitantes), y ha convertido la zona en algo más que un lugar de paso o segunda residencia rural. La instauración del ladrillo seduce a nuevos propietarios y aburguesa a los vecinos. 

Esta realidad se ve reflejada en el centro del municipio; largos paseos, bellos empedrados, plazas colosales, continuo trasiego de gente, explotación de pequeños comercios, tráfico abrumador… Dispone de toda clase de facilidades que atraen al forastero; instalaciones sanitarias, de ocio (centro comercial de reciente construcción), universitarias (la UA es seña de identidad), carreteras, vías ciclistas…queda anticuado el calificativo de pueblo.

Sin embargo el lujo céntrico contrasta con las zonas limítrofes, mucho más desfasadas y ancladas en lo obsoleto. No es el caso de barrios que lindan con la vía principal, como el de Haygón, que refleja las nuevas tendencias del bungalow y el adosado, pero sí de otros más apartados como el de Santa Isabel y especialmente el Rodalet. En ellos se aprecian fachadas caducas, callejones espeluznantes, escasa señalización y alumbrado, precarios sistemas de limpieza y recogida de basuras. Todos son aspectos que complican la convivencia (inseguridad y delincuencia) y ahuyentan a posibles propietarios y comerciantes, empujando a los vecinos a una situación de indefensión y aislamiento. Afirman vivir en un “cementerio de hormigón”.

Esta desigualdad urbana también es una realidad de la urbe del siglo XXI, un problema endémico sobre el que la administración ha venido diciendo “paso palabra”. La falta de previsión obliga ahora a apresurar soluciones que resultan insuficientes. Como demuestran los datos medios del Corinne Land Cover, existe una sobreurbanización generalizada en España (se construye cinco veces más de lo que representan las necesidades reales y demográficas del país), que no obstante no se reparte correctamente provocando el alejamiento del ideal de ciudad compacta y saludando a la ciudad dispersa y desordenada. Quizá sea preciso “crecer menos para crecer mejor”, como señala la ex ministra de Vivienda Beatriz Corredor.

La marginación urbana no es consecuencia de las políticas actuales, sino que tiene antecedentes directos en los índices de marginación a escala de las entidades federativas y de los municipios, elaborados por el Consejo Nacional de Población a partir del Censo de Población y Vivienda de 1990, así como en el índice de rezago social urbano elaborado con base en el Conteo de Población y Vivienda de 1995. Otros analistas, como D.Harvey, achaca este fenómeno a la justicia redistributiva. Existen otras observaciones, como la que realizó Analística en 1996 para la Fundación Argentaria sobre las desigualdades en España, o el estudio llevado a cabo por el Project Group on Distressed Urban Areas de la OCDE, en el que fue necesario preparar información desagregada sobre el desfavorecimiento en los barrios de las ciudades españolas, localizando cuatro focos de riesgo (Cascos Históricos, Áreas urbanas centrales, Promociones de Vivienda y Áreas urbanas periféricas).

La problemática no solo responde a errores urbanísticos; según el diagnóstico del Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Julio Alguacil Gómez, “el concepto de barrios desfavorecidos acoge una perspectiva compleja al asociar dos términos. El primero de ellos se inscribe en el ámbito de lo físico territorial, mientras que el segundo se inscribe en el vasto campo de lo social-conductual”. Interesa especialmente la primera visión.

Al respecto, Manuel Castells, catedrático de urbanismo, afirma la existencia “dos sistemas (internamente estratificados), uno de ellos relacionado con el polo dinámico de crecimiento y generación de renta, y otro concentrado en la mano de obra degradada en espacios e instituciones que no ofrecen posibilidades de movilidad ascendente en la escala social y que induce a la formación de subculturas de supervivencia y abandono”.

Precisamente los vecinos de “El Rodalet” se sienten parte de esa subcultura; “En el pueblo se estimula el reciclaje, con un ordenado sistema de recogida de basuras, mientras en esta zona somos nosotros los que cada día tenemos que limpiar los escombros y residuos”. Ellos creen firmemente que los gobiernos han permitido la creación de este problema al ignorarlos en las planificaciones urbanísticas, y ahora se ven obligados a parchear un contratiempo del que ellos son causantes.

Ese sentir coincide con la investigación del arquitecto Arelys Fernández Alonso, quién concluye “que las instituciones se evaden de las necesidades reales de cada región y se limitan a exportar estereotipos”. También en esta línea se enmarca el estudio sobre desigualdad urbana realizado por Félix Arias Goytre, Director General de SEPES; según sus averiguaciones “existe una segregación funcional de barrios unidimensionales en los que sólo se resuelven algunas cuestiones sectoriales de forma transitoria que no ayudan a erradicar la vulnerabilidad existente”

Todo apunta a un “modelo urbano de flujos, que se extensiona y desdensifica hacia una realidad donde los sujetos tendrán enormes dificultades para anclarse a una identidad vinculada a un territorio crecientemente fragmentado. La ciudad irá perdiendo su carácter de lugar y su función integradora”, según indica en su informe Alguacil Gómez, quién también establece una curiosa tabla comparativa que ilustra la evolución desde la ciudad a la metrópoli.

La marginación urbana además afecta a la población desde el punto de vista psicológico, despertando sentimientos egoístas y poco solidarios en los habitantes de la urbe que se sienten integrados y magnificando la percepción de exclusión en los barrios vulnerables. Se produce, según Alguacil Gómez “una identidad contra «los otros» y no una alteridad fundamentada más en una identidad construida con-desde-para los otros.” Este fenómeno se ve reflejado en determinados comentarios de Internet  en el que los usuarios prefieren que los focos de delincuencia se concentren en espacios determinados ante el riesgo de que se extiendan por todo el territorio. También son significativas las encuestas realizadas por la redacción de Urbalacant en las que se aprecia el mayor escepticismo de los habitantes de barrios periféricos de San Vicente respecto a las políticas urbanas acometidas, en relación a la visión de los residentes de la parte céntrica del municipio, mucho menos conscientes de la dimensión del problema.

Todo parece indicar que la situación actual es producto de décadas de pereza administrativa. Sólo en los últimos años las instituciones públicas parecen salir del letargo en el que se hallaban. Jornadas de concienciación como las realizadas recientemente en Alicante sobre “Modelos de intervención integral en las ciudades”, son iniciativas que empiezan a complementar otras actuaciones concretas a largo plazo. Según Beatriz Corredor, la rehabilitación del parque edificado es imprescindible para mejorar la accesibilidad y la habitabilidad de muchos edificios y barrios ahora obsoletos”. En ello pretende incidir el nuevo plan estatal de vivienda 2009-2012 sobre integración, que se acoge a lo estipulado en el Libro Verde sobre la cohesión territorial de la Comisión Europea, donde se recuerda que incluso en las ciudades europeas más prósperas, existen barrios desfavorecidos hacia los que es preciso dirigir acciones específicas que sirvan para resolver sus principales problemas. Parece que no todo está perdido.

*Gráficas sobre las encuestas realizadas a habitantes de San Vicente de diferente procedencia  (ampliación)

*FOTOMONTAJE: Zona céntrica de SV (abajo), Haygón (arriba-izquierda), Rodalet (arriba-derecha) / fuentes 12 3