Arqueología humana

*El paradigma granadino de la desigualdad urbana*

ESTEBAN ORDÓÑEZ. REPORTAJE

El descubrimiento del yacimiento de la Alcudia (Elche) aclaró que enterrar a los muertos en casa no es una invención contemporánea. Los restos de las poblaciones íberas testimoniaron qué se hacía con los pequeños cuerpos que no habían podido siquiera iniciarse en la liturgia religiosa. Los padres abrían una fosa en la línea del muro de la casa donde colocaban al niño cubierto por tiestos de un ánfora rota o protegidos por piedras. La razón era sencilla, no tenían derecho mezclarse con los cadáveres de la necrópolis que consiguieron alimentarse de los dioses. Puede parecer exagerado, pero los no integrados se esconden aún dentro de casa, tras los chaflanes lisos o las farolas ribeteadas de las calles mayores. Antes los muertos eran muertos, no tenían culpa. Pero hoy la sepultura se adelanta, y resulta aceptable responsabilizar a los excluidos de su aislamiento. Así lo cree el profesor titular de Antropología Social de la Universidad de Granada, Paco Jiménez: “Es el cinismo de la ciudadanía. Convencerse de que el marginado se abandona y no acepta unas oportunidades igualitarias, aunque en realidad no hay mecanismos, puestos de trabajo…”.

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