El coste de la identidad

ESTEBAN ORDÓÑEZ· San Vicente

“Los graffiteros se comunican a través del estilo y la calidad de los dibujos. Es difícil de parar, quieren expresarse y el graffiti es su seña de identidad”, sentencia el Jose Antonio Durendez, ex-graffitero y militar. Los tags, la mayoría de rúbricas que enturbian el espacio público, son simplemente eso, señas de identidad. Sin embargo, el graffitero profesional, Lauder López, separa esta práctica de los murales creativos: “Son importantes porque sirven de toma de contacto inicial con el movimiento urbano, aunque no tienen nada de artístico y son los que más ensucian”. Esta modalidad de firma nació en los 60 y es el escalón más bajo dentro de la pintura urbana por su rapidez y su pobre elaboración. Los expertos la consideran la base del graffiti. En un principio no existía guerra de estilos y la marca se limitaba a escribir el nombre el mayor número de veces posible y con letra legible. El liderazgo dentro de los grupos lo obtiene el que más cara sitúe la prima de riesgo de su nombre.

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