Funambulismo comercial

El Gran Vía (1998) fue el primer centro comercial construido en Alicante

MANUEL SERRANO

Corría noviembre de 1998 cuando Alicante vivió el nacimiento del primer centro comercial en la ciudad. Capitaneado por el hipermercado Carrefour, el CC Gran Vía pretendía abastecer la demanda de moda, ocio y alimentación del incipiente entorno residencial del Parque de las Avenidas. Desde entonces, cinco complejos comerciales han abierto sus puertas a los alicantinos: PanoramisVistahermosa, Puerta de AlicantePlaza Mar 2 e Isla de Corfú. Teniendo en cuenta el Anuario Económico de España 2010, elaborado por La Caixa, y los datos poblaciones del INE, Alicante tiene una media de 513 metros cuadrados de SBA (Superficie Bruta Alquilable) por cada mil habitantes, muy por encima de los 287 de media en la Comunidad Valenciana o los 323 en España. Estos resultados han puesto en tela de juicio el crecimiento comercial sostenible de la capital alicantina.

Tras un informe elaborado por el arquitecto y sociólogo José María Ezquiaga, este experto en urbanismo comercial advirtió de que “el comercio era una cuestión sistemáticamente olvidada en los planeamientos urbanísticos”. Este “divorcio” facilitó la proliferación de superficies comerciales en zonas calificadas como residenciales o industriales en ciudades como Madrid y Zaragoza. El estudio también observaba que algunos centros comerciales aparecían recogidos en los planeamientos generales a posteriori, a través de modificaciones puntuales fruto de convenios establecidos entre los ayuntamientos y las grandes superficies.

Esta falta de planificación también se ha plasmado en el caso de Alicante. Para Ana Espinosa, profesora de Geografía del comercio y los servicios en la Universidad de Alicante, algunos centros comerciales han surgido de “nuevas inversiones inmobiliarias que buscaban revalorizar espacios periféricos y diversificar las inversiones en ladrillo. La oferta comercial preexistente y la demanda potencial, lamentablemente, no han contado mucho”.  Pedro de Gea, presidente de Comerciantes por Alicante, coincide con el planteamiento de Espinosa y se muestra especialmente sensible con las consecuencias de este descontrol sobre “barrios populosos” como Carolinas, Babel o La Florida, donde muchos comercios han sucumbido ante los grandes del sector. El representante del colectivo comercial cree que “se debe legislar sin miedos” y apostar por “una política no restrictiva, sino de equilibrio” para recuperar la senda del desarrollo comercial sostenible.

El Plaza Mar 2 es uno de los centros comerciales más populares de la ciudad

En el extremo contrario, el responsable de la revista Centros Comerciales, Rafael Serrano, considera que el intervencionismo de las administraciones provocaría el encarecimiento de los productos finales y aboga por una postura más liberal: “El propio mercado regula y establece limitaciones”. Por ello, valora positivamente medidas como la llamada directiva Bolkestein, establecida para liberar la circulación de servicios dentro de la Unión Europea. Su aplicación supone la desaparición de la llamada ‘segunda licencia de apertura’, recogida en la ley de Comercio de 1996 y en base a la cual las comunidades autónomas tenían potestad para autorizar o impedir la inauguración de un nuevo centro comercial en función de su impacto económico y social.

Esta pérdida de regulación tiende a perjudicar al pequeño comercio, especialmente por la falta de distinción entre los formatos comerciales, según se extrae de la exposición de José María Ezquiaga. En su discurso, el experto invita a que los planes generales incorporen análisis sobre la oferta y demanda  comercial en los distintos territorios de una ciudad, tales como los que elabora la iniciativa privada a la hora de elegir una ubicación para instalarse. De esta manera, los nuevos centros comerciales tendrían que ser compatibles con la estrategia comercial establecida en el planeamiento urbanístico. Asimismo, Ezquiaga propone que se valore la incidencia de estos complejos sobre la vitalidad y viabilidad de la estructura comercial de los nuevos barrios, su accesibilidad por distintos medios de transporte y su impacto sobre las infraestructuras existentes.

La amenaza de IKEA

 Mientras la construcción de centros comerciales sufre un estancamiento en España, un nuevo complejo podría aterrizar en Alicante de la mano de IKEA. Acostumbrada a ver cómo florecían grandes superficies junto a sus tiendas, la multinacional sueca decidió expandir su negocio hacia la gestión de centros comerciales a través de Inter IKEA Centre Group. Así pues, la famosa empresa del mueble pretende instalar un área comercial con alrededor de 130.000 metros cuadrados edificables en el barrio de Rabasa, donde está prevista su ubicación, para la cual ha sido necesario modificar el Plan General de Ordenación Urbana.

Ubicación escogida para la instalación de IKEA

El colectivo de Comerciantes por Alicante apoyó desde un principio la apertura de una tienda de IKEA en la ciudad: “Observamos que IKEA atrae al año entre 2,5 millones (Málaga) y 5’5 millones de personas (Barakaldo). Siendo muy buenos estadísticamente hablando, si consiguiésemos que un 10% de esa gente entrase a la ciudad de Alicante no solo para ir a IKEA, tendríamos una oscilación de entre 200 y 500 mil visitantes anuales, por lo que nos aventuramos a decir que sí”. La sorpresa llegó con el anuncio de la construcción del macrocentro comercial de la empresa sueca, equivalente a tres superficies como la del Gran Vía. Desde la asociación, consideran esta construcción innecesaria, dado que todavía no se han levantado las 13.500 viviendas previstas en el Plan Rabasa, e insostenible, ya que la ciudad está “saturada de centros comerciales”.

Las sospechas del colectivo comercial quedaron refrendadas en el estudio que solicitaron al área de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad de Alicante para medir el impacto de esta nueva construcción. Según el informe, la inclusión del complejo comercial multiplicaría por ocho el tráfico previsto en el caso de que se instale únicamente la tienda de IKEA. Concretamente, se alcanzarían las 400 horas anuales de colapso y 10 al día de retenciones profundas. Estos datos contrarrestan las previsiones más optimistas de Viviendas Sociales del Mediterráneo. Según el estudio de movilidad de la promotora del Plan Rabasa, se generaría un tráfico máximo de 70.000 vehículos diarios que se podría diluir “en múltiples corredores”. Para el profesor Armando Ortuño, uno de los autores del estudio de la UA, el análisis de la mercantil “subestima el tráfico generado porque infravalora el área de influencia” del centro.

Ortuño, especialista en Geografía Humana, considera que, además de la congestión viaria, la instalación del centro comercial conllevaría desequilibrios económicos a nivel provincial. “En un trabajo hemos observado la tendencia de todos los municipios de Alicante y Murcia desde la apertura del CC Gran Vía hacia la disminución del número de comercios per cápita en términos generales”, explica el profesor de la UA. Así pues, mientras la capital alicantina avanzaría económicamente gracias a “los impuestos de las nuevas actividades”, otros municipios se verían afectados por la pérdida de estos tributos como consecuencia del cierre de comercios. Además, a nivel laboral, “se generarían de manera estable unos 2.000 puestos de trabajo entre IKEA y el centro comercial anexo, pero no se puede olvidar el empleo destruido por el cierre de otros comercios, que puede compensar en buena medida estas cifras”, destaca Ortuño.

El experto de la UA y Pedro de Gea coinciden en que el crecimiento de un centro comercial alrededor de IKEA se podría detener con una actuación a nivel municipal y regional encaminada a destinar la zona a otro tipo de dotaciones. “Si se construye una ciudad deportiva, un parque temático, un zoológico o un museo Jacques Cousteau, como hemos propuesto, seguramente IKEA acepte instalar únicamente la tienda de muebles”, explica el representante del colectivo de comerciantes. De Gea insiste en la importancia de aplicar un “intervencionismo de equilibrio” y apostar por el comercio urbano como motor para regenerar la ciudad.

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