Alicante: la ciudad inaccesible

MANUEL SERRANO

El Artículo 49 de la Constitución Española insta a los poderes públicos a facilitar la integración de los discapacitados. En términos urbanísticos, esta garantía se traduce en el logro de una accesibilidad universal en las ciudades, teniendo en cuenta la normativa al respecto. La revista Eroski Consumer ha seguido la evolución de la accesibilidad en las principales capitales españolas a través de estudios como los elaborados en 2007 o el más reciente en marzo de este año. En ambos casos, Alicante cosecha un suspenso que le sitúa a la cola de España en usabilidad para minusválidos.

Los informes de Eroski Consumer están basados en varias pruebas de las condiciones de accesibilidad en espacios urbanos comunes (centro, edificios públicos, estaciones…) elaboradas por un técnico de la revista en compañía de personas con diferentes discapacidades. En el caso de los minusválidos motrices, la ciudad obtuvo un bien de media en el informe de marzo, mejorando el regular con el que se le calificó en 2007.

Antonio Mérida, secretario de la Confederación Coordinadora Estatal de Minusválidos Físicos de España (COCEMFE) en Alicante, participó en la prueba y considera el resultado muy optimista para una ciudad todavía plagada de “obstáculos para los desplazamientos en silla de ruedas”. Para Mérida, el problema radica en la falta de una línea de actuación por parte de las autoridades públicas para suprimir las barreras arquitectónicas. “En algunos cruces, existe rampa en un extremo pero no en el otro”, indica el representante de COCEMFE, quien también advierte del malgasto de dinero en cuestas con pendientes demasiado pronunciadas para subirlas en silla de ruedas, como sucede en el empinado barrio de Campoamor, donde llegan a superar el 10% de inclinación fijado como límite para los itinerarios practicables.

Frente a esta situación, Mérida sugiere construir itinerarios accesibles donde la acera tenga una cota 0, es decir, que se sitúe al mismo nivel que la calzada, como sucede en el Bulevar del Pla o la Plaza del Ayuntamiento. Así, los minusválidos físicos no se verían obligados a enfrentarse a unos bordillos que en algunas ocasiones superan los 14 centímetros, tal como señala el informe de Eroski Consumer de 2007. El mismo estudio apunta también al peligro que suponen las rejillas de ventilación, los sumideros y las alcantarillas. “A veces se sitúan en la rampa por la que vas a pasar, y corres el riesgo de que las ruedas se queden enganchadas”, indica el secretario de COCEMFE. A esto se suma el mal estado del pavimento en algunas calles céntricas, de paso habitual para personas que se desplazan en sillas de ruedas. “El problema es que solo se reclama cuando hay caídas”, explica Mérida.

En los edificios públicos, la accesibilidad mejora ligeramente para los minusválidos físicos. El antiguo edificio del ayuntamiento se ha adaptado recientemente con novedosos mecanismos, como una silla ‘salvaescaleras’. También los baños del consistorio, así como los de los centros de salud, ofrecen facilidades para su uso. No obstante, “suelen usarse como almacén de material de limpieza y normalmente hay que pedir la llave para que los abran”, señala Mérida, quien sostiene que los aseos de hombres y mujeres deberían contar con sus correspondientes cabinas para discapacitados y no situarse aparte. Por otro lado, los mostradores superan con frecuencia los 85 centímetros de altura reglamentarios, dificultando la atención al público que acude en silla de ruedas.

Los desplazamientos en silla de ruedas por Alicante suponen una carrera de obstáculos

 

Más dificultades presenta el uso del transporte público, vital para los discapacitados motrices. En la actualidad, existen en Alicante siete taxis adaptados, más conocidos como eurotaxis. “Tardan mucho en llegar y eso encarece el servicio. Además, a determinadas horas, no hay ninguno disponible”, lamenta Antonio Mérida.  “Si finalmente se reforma la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres, el 10% de estos vehículos deberán estar adaptados”, añade. Por otra parte, si bien los autobuses de Masatusa disponen de espacios reservados para el anclaje de las sillas de ruedas, el problema radica en el acceso al vehículo desde la parada. “Normalmente el autobús no puede aproximarse a la acera porque no tiene suficiente espacio”, indica Mérida. El secretario de COCEMFE aclara que suelen recibir ayuda de los conductores, pero entiende “la accesibilidad como una forma de ser autónomo”.

Paso atrás

Según el estudio de Eroski Consumer, la calificación de la accesibilidad para personas con minusvalía visual se reduce a un regular. Tal como indica el director de la ONCE de Alicante, Salvador Galvañ, las reformas acometidas en algunas aceras conllevan nuevas dificultades a las que se enfrentan las personas parcial o totalmente invidentes. Así ocurre en las zonas donde la acera y la calzada se encuentran al mismo nivel, como en la plaza del Ayuntamiento. Un privilegio para los que van en silla de ruedas, pero un peligro para los discapacitados visuales si se emplea el mismo pavimento en toda la calle. “La acera y la carretera deben tener rugosidades distintas y quedar separadas por una línea de color que advierta al deficiente visual el final de una y el inicio de la otra”, explica Galvañ, quien señala que los pivotes no ayudan a distinguir y “aseguran tropiezos”. El problema se reproduce en los vados sin rampa y en los nuevos carriles bici, que invaden la acera delimitados por dos líneas blancas. “En este caso, se tendrían que custodiar con dos franjas rugosas de un metro a cada lado para indicar su cercanía”, aclara el director de la ONCE de Alicante.

La accesibilidad también se ha visto afectada en los pasos de peatones que solo cuentan con franjas blancas en los extremos de la calzada. Una medida para ahorrar en pintura que puede salir muy cara, ya que el minusválido visual se puede desubicar fácilmente y acabar transitando por el resto de la calzada. La desorientación también se produce por la colocación dispersa de los elementos del mobiliario urbano, según explica Galvañ: “Lo ideal es que se sitúen en línea recta y se distingan cromáticamente”. Respecto a los elementos en altura, la normativa establece que tienen que estar situados a al menos 2’20 metros del suelo. En este sentido, los estudios de Eroski Consumer advertían de la presencia de toldos en la ciudad cuya altura era inferior a la estipulada, con el consiguiente riesgo de choque para el invidente, ya que “ni el perro guía ni el bastón los detectan”.

 

Los suelos rugosos facilitan el tránsito a las personas con minusvalía visual

Otra modernización que ha empeorado la accesibilidad ha sido la de los edificios públicos como las nuevas dependencias del ayuntamiento. La presencia de cristaleras translúcidas y puertas correderas en la fachada conducen a la confusión de la persona con deficiencias visuales que pretende acceder a su interior sin la ayuda de un bastón o un perro guía. En este caso, tal como apunta Galvañ, la solución pasa por “pintar unas franjas de color a la altura de la vista que queden estéticamente bien y al mismo tiempo ayuden a la persona a percibir que hay un cristal ahí”. Otro terreno pendiente de mejora es el de los baños. Mientras los discapacitados físicos disponen de varias facilidades, los ciegos se ven obligados a tocar el urinario para poder ubicarlo. Este problema se subsanaría con la colocación de una baldosa rugosa con un molde para los pies frente al mismo. Un mecanismo que, según Galvañ, todavía no se ha aplicado en ningún aseo público. Por otra parte, el director de la ONCE de Alicante da su aprobado a los nuevos ascensores, adaptados con sistemas parlantes o botones en braille.

Precisamente el transporte público suspende en materia de accesibilidad por la falta de información tanto sonora como en braille en las paradas y en el interior del vehículo. Galvañ asegura que es “un trato que se debería alcanzar entre la ONCE y el Ayuntamiento”, algo que ya logró en su etapa como presidente del Consejo Territorial de la entidad en Murcia.

Los sordos, los más olvidados

La peor calificación de los estudios de Eroski Consumer se la lleva la accesibilidad para personas con discapacidad auditiva, especialmente por la carencia de intérpretes de la lengua de signos en la mayoría de los edificios públicos. En lo que se refiere a la adaptación urbanística, se echa en falta una mayor señalización visual. Así, apenas existen semáforos con contador de los segundos que quedan para cambiarse a rojo o señales lumínicas que adviertan del paso inminente de un vehículo de emergencias por la calzada.

Cuestión de conocimiento

Antonio Mérida y Salvador Galvañ coinciden en la importancia de concienciar sobre la accesibilidad a nivel social e institucional. “La gente tiene que entender que disponer de una plaza de aparcamiento exclusiva cerca de una vivienda o un espacio público no es un privilegio sino una necesidad”, explica el representante de COCEMFE. Para Mérida, las autoridades políticas no tienen un gran conocimiento de sus problemas: “Tienen que plantearse hacer una ciudad para niños, mayores, discapacitados…”. Un reto que conduciría a Alicante hacia la accesibilidad universal.

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