El espíritu de Alicante

MANUEL SERRANO

Toledo y Jerusalén forman parte de la Historia, entre otros motivos, por ser paradigma de la concentración de las tres principales religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islam. Actualmente, la globalización contribuye a la coexistencia de diferentes confesiones en una misma urbe. En un análisis sobre el fenómeno globalizador y la religión, el teólogo y sociólogo estadounidense Peter L. Berger señala que, en oposición a los tópicos comunes, “nuestra era no es la de la secularización, más bien al contrario: estamos en un momento de religiosidad exuberante”. Para Berger, “la modernidad favorece el pluralismo religioso”, y apunta a la sociedad americana como vanguardista en este sentido.

La diversidad religiosa en España está íntimamente relacionada con la inmigración. Según datos de la Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía de la Comunidad Valenciana, el 22% de los habitantes de la comunidad no profesaban la religión católica en 2008, cuando el número de residentes extranjeros rondaba los 800.000. En el caso de Alicante capital, 21 confesiones minoritarias están inscritas en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, frente a las 57 entidades católicas.

Solidaridad religiosa

La relación de todos estos grupos religiosos con la sociedad alicantina va más allá de la simple convivencia. Tal como indica Peter Beyer, sociólogo de la religión y profesor de la Universidad de Ottawa, los fieles a un credo pueden seguir dos caminos en un entorno globalizado: la integración o la resistencia. En Alicante, los colectivos religiosos se decantan en su mayoría por seguir la primera opción. Así, además de ofrecer un servicio espiritual, participan cada vez más en la cobertura social y el enriquecimiento cultural de la ciudad.

Símbolo de la coexistencia religiosa

La labor social emprendida por la Iglesia católica, especialmente a través de Cáritas, se ve complementada con la que ofrecen otros colectivos religiosos. El barrio de El Pla ilustra de manera clara esta aportación a la sociedad. En esta zona de Alicante, hay dos parroquias católicas, una iglesia bautista y otra anglicana. “Nos interesa mantener buenas relaciones: a ellos para promocionar su religión y a nosotros para aglutinar a personas a personas de todas las creencias”, explica Basilio García Morón, presidente de la Asociación de Vecinos de El Pla. Precisamente, esta agrupación celebra sus reuniones en los salones parroquiales cedidos por la iglesia de la Inmaculada. Y también tienen abiertas de par en par las puertas de la Iglesia Bautista. Su pastor, José Luis Castro, asegura que esta comunidad cristiana está “totalmente integrada en el barrio”, donde se instaló en 1963. Castro destaca de su contribución social el plan de cooperación establecido con el Distrito 7 “para el refuerzo escolar de chicos con perfiles socioeconómicos deprimidos”. Además, ofrecieron sus instalaciones “para la práctica de danzas y bailes latinos”.

La solidaridad de las entidades religiosas alcanza un gran valor cuando sus comunidades las conforman en su mayoría personas inmigrantes, como sucede con los ortodoxos y los musulmanes. “Aparte del culto, tenemos una actividad social importante, ya que aproximadamente cada dos meses repartimos a las personas más desfavorecidas entre dos y tres mil kilos de bienes perecederos procedentes del Banco de Alimentos”, señala el padre Osios Ferrer, sacerdote de la iglesia ortodoxa rusa de Alicante. El reparto de alimentos entre los inmigrantes también forma parte de la labor social de la Comunidad Islámica de Alicante. Su administrador, Khaled Saleh, señala que la comunidad “está abierta a todos: ofrecemos cursos de árabe, de español para inmigrantes musulmanes y de informática”. Para Saleh, el objetivo consiste en “aportar algo positivo a la sociedad sin abandonar las creencias del islam”.

Enriquecimiento cultural

Una de esas aportaciones positivas es la celebración pública de las fiestas de las religiones minoritarias, que contribuyen así al enriquecimiento cultural de la ciudad. El pasado mes de noviembre, los musulmanes tuvieron la ocasión de reunirse en el parque Lo Morant de Alicante y en el polideportivo de Los Palmerales de Elche para celebrar la fiesta del sacrificio, una de las más importantes del calendario islámico. “También celebramos públicamente el fin del ramadán”, aclara Saleh.

La tradición judía también se ha ganado un hueco en las celebraciones populares de Alicante. A finales de 2009, la comunidad hebrea conmemoró la fiesta de Janucá con el encendido de las luces de un candelabro de nueve brazos. En diciembre de 2010, repitieron el acto, que coincidió con la puesta en marcha del alumbrado y la inauguración del Belén con  motivo de la Navidad. “Pretendemos abrillantar la cultura de la ciudad sin caer en el proselitismo”, explica Armando Azubel, presidente de la Comunidad Judía de Alicante. Para Azubel, este tipo de iniciativas “eleva la importancia de la ciudad de Alicante, ya que en casi todas las capitales del mundo y grandes urbes las comunidades judías instalan un candelabro emblemático”. El representante hebreo también valora positivamente que las autoridades gubernamentales ayuden a reconocer su religión con medidas como la conmemoración del Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad.

Espacio común

La salud social de las religiones se mide también por la calidad de las relaciones entre ellas dentro de una sociedad. La Mesa Interreligiosa de Alicante (M.I.A.) ofrece “un espacio donde un grupo de creyentes de diferentes religiones y movimientos espirituales se reúnen con cierta frecuencia para dialogar juntos sobre temas que tienen que ver con la fe que practican y su influencia sobre sus vidas”, explica su presidente, Farhang Jahangosha. Los participantes en la M.I.A. celebran sus reuniones el primer martes de cada mes en diferentes centros religiosos y, tras ocho años de existencia, han conseguido una relación “franca y amorosa entre los creyentes de diferentes religiones”. Jahangosha destaca que “un gran número de fieles entienden que tienen que abrirse al conocimiento de los demás”, porque, tal como reza uno de los lemas de la M.I.A., “sólo podemos amar aquello que conocemos”.

Mapa de las confesiones minoritarias de Alicante

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