Donde reside la música

Sergio Soler

En mitad del más célebre paseo alicantino, entre tenderetes, palmeras y mármol tricolor, se alza un escenario sorprendente a primera vista por su originalidad arquitectónica. Un espacio musical que ha adquirido solera con el transcurso de los años, hasta recibir, este mismo año, el reconocimiento de edificación protegida.

El Auditorium Municipal o la Concha, como se la conoce popularmente por la forma de su visera, es uno de esos lugares que rebosan música por los cuatro costados. Construida hace medio siglo, fue un proyecto casi paralelo al de la propia Explanada de España, donde hoy se asienta. Ambas obras pretendían modernizar la imagen de una capital como Alicante, que contaba por entonces con 100.000 vecinos. Eran otros tiempos, previos al desarrollo demográfico y turístico que iba a experimentar la ciudad posteriormente.

Plano frontal del proyecto

El proyecto de la Concha (1954) constataba la necesidad de “dotar a la ciudad de un kiosco para conciertos” que estuviera “a la altura de la categoría que la población ha adquirido”. En este sentido, la obra daría continuidad a la tradición musical del emplazamiento: las bandas ya actuaban, a finales del siglo XIX, en el templete del Paseo de los Mártires (actual Explanada). Por tanto, la idoneidad del lugar no ofrecía dudas, “de acuerdo con el sentir general y unánime”.

El siguiente paso consistía en idear un auditorio útil para los músicos, pero acorde al mismo tiempo con la estética del paseo. El arquitecto municipal Miguel López fue el responsable del diseño. “Lo funcional debe imperar sobre lo decorativo”, expresaba el proyecto como prioridad, aunque haciendo hincapié en las “sencillas formas” que le dieran “elegancia de líneas y prestancia al conjunto”.

Plano del proyecto de iluminación

El resultado se tradujo en una obra singular, construida principalmente en hormigón, y cuya parte más característica es una larga visera de ocho metros de altura, que lleva integrados los focos de iluminación. Destacan también el sótano al que se accede por detrás del escenario y el escudo de la ciudad en piedra caliza, presidiendo el podio del director. El coste total fue de 523.887,32 pesetas, todo un desembolso para la época.

Durante décadas, la falta de mantenimiento unida a factores externos, como la proximidad del mar, contribuyeron al lento deterioro de la Concha. De hecho, el alcalde Díaz Alperi llegó a estudiar su demolición hace apenas diez años, dado el lamentable estado de la estructura. Finalmente, pudo evitarse tan cruel desenlace y el templete fue restaurado en 2002, respetando su diseño original. Con el fin de evitar otra situación similar, el Ayuntamiento de Alicante aprobó su protección integral, junto a varios monumentos, dentro del Plan de Recuperación del Centro Tradicional. La música seguirá viviendo en la Explanada por mucho tiempo.

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